Hace poco leía en Ikusuki una entrada de Oskar sobre las famas de los japoneses. Os recomiendo su lectura porque es muy interesante.
Me quedé con la siguiente anécdota que recogía en el apartado de “son muy cabezotas”. Venía a decir que estaba en una cena y pidió una botella de licor para tomarla a palo seco, aunque la forma de tomarlo es con hielo o mezclado. El camarero no supo atender un pedido tan extravagante y tuvieron que llamar al encargado para negociar semejante orden. Un absurdo, vamos. Uno de esos momentos en los que dices “Mira, déjalo y pónmelo como te de la gana.”
Hoy tengo mi propia historieta respecto a situaciones que no saben solucionar, por muy simples que sean. En el momento en el que estéis leyendo esta entrada, estaré haciendo uso de esta maleta:

La compré en Seiyu. Es la típica maleta con 4 ruedas y asa retráctil que puedes llevar en cabina, ideal para viajes cortos. Su precio: 7.800 yenes. Formaba parte de una serie de 3 maletas, las otras dos de mayor tamaño, pero que costaban exactamente lo mismo. Curioso, ¿verdad?
Cuando había pagado, se me ocurrió abrir la maleta para ver si estaba todo en su sitio. Me di cuenta de que no había llave, aunque en el cierre con clave hay una cerradura. Le pregunté a la dependienta y la dejé descolocada. No sabía reaccionar. Supongo que nadie se había planteado antes si para esa cerradura hace falta una llave.
Tuvo que llamar varias veces por teléfono a otros compañeros para preguntar sobre el tema. Al cabo de 10 minutos llamaron al teléfono de la caja. Me explicó entonces que esa cerradura es para las llaves que tienen los agentes de aduanas en los aeropuertos, por si quieren abrir la maleta para revisarla.
Lo que vino después no me lo esperaba. Le pregunté cómo había que hacer para cambiar la contraseña. Venía explicado en un papelito con dibujos pero no quería arriesgarme a liarla por no entender lo que estaba escrito y preferí preguntarle.
La mujer cogió el papel, empezó a leerlo, ¡pero no lo entendía! Ni siquiera con los dibujos al lado (bastante explícitos), era capaz de entender lo que ponía. Al cabo de 5 minutos de reloj dando vueltas al papel y a la maleta, decidí intentar lo que venía en las ilustraciones y logré cambiarla.
Se disculpó mil veces. Imagino que se puso nerviosa cuando no supo contestarme e intentó solucionar por sí misma lo de la clave, lo que le hizo ponerse aún más nerviosa al no dar con ello. Pero todo esto no es más que una muestra de que no están acostumbrados a buscar salidas a imprevistos. Si con detalles tan insignificantes como éste tardan 15 minutos, imaginad con problemas importantes que surjan de repente.
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Enlace | Ikusuki.com – Famas
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por Adrián, el 27.12.08 @ 3:49 - Puntúa el comentario:
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Por culpa de gente como tú no me gustaba trabajar de dependiente en el Alcampo.
¡Friki!
xDDD
Feliz Navidad
por Japoneando, el 29.12.08 @ 16:48 - Puntúa el comentario:
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Si yo te contara las que me han pasado de ese tipo en estos 3 años…
Un abrazo !! (ya te he respondido al mail) ;o)
por Julián, el 13.01.09 @ 20:06 - Puntúa el comentario:
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Yo recuerdo que reservamos para comer 6 personas, llegó el momento y sólo estábamos 5. Toda la plantilla de camareros sufriendo pero estuvimos esperando casi media hora hasta que apareció el que faltaba, habíamos reservado para 6 y sólo estábamos 5, no se podía empezar.